¿Estás preparado para ser tu propio jefe?

A lo largo de la vida laboral de muchas personas llega un momento en el que nos hacemos la misma pregunta: ¿debería emprender un negocio? O lo que es lo mismo: ¿Debería hacerme autónomo? Algunos lo hacen por necesidad, otros porque verdaderamente creen que ser su propio jefe les hará crecer como profesionales, ganar más dinero y/o poder gestionar mejor su tiempo. Cuando se toma una decisión de este calado es porque la idea es para mejor, pero no todo el mundo vale.

Ser autónomo implica estar siempre tomando tus propias decisiones. Y para tener que elegir hay que asumir riesgos, pero también apechugar con las consecuencias de estas y la responsabilidad que ello conlleva. Sin respaldos de otras personas, solo con tus idea de proyecto.

Y es que ser tu propio jefe es una moneda con dos caras en los que más que ser tu propio jefe, en realidad lo que tienes son muchos jefes: tus clientes. Esto significa que en numerosas ocasiones tocará hacer cosas que nos gusten menos y sentir la presión en forma de plazos y presupuestos. Por supuesto, a veces tocará decir que no, con la incertidumbre que conlleva.

Siendo tu propio jefe también te enfrentarás a la tarea de la planificación, organizándonos por proyectos y, a menor escala, las jornadas, de modo que podamos maximizar el rendimiento del tiempo empleado. Organizarse sobre el papel es teóricamente sencillo, pero hemos de ser flexibles porque los imprevistos, las llamadas de última hora y los planes que surgen de la nada o que se desvanecen se encuentran a la orden del día.

Por si todo esto fuera poco, al conocimiento y tarea que desempeñemos en nuestro negocio, también tendremos que “hacer un máster” en temas administrativos y fiscales de los que antes, en nuestra época de trabajadores por cuenta ajena, ni nos preocupábamos: desgravaciones, IVA, ayudas, subvenciones, trámites… hacerlo por uno mismo conlleva un ahorro en forma de dinero, pero una inversión en el aprendizaje y en el proceso, motivo por el cual una buena opción es recurrir a terceros, a profesionales que se encarguen de esta labor por nosotros.

Ser autónomo no es fácil, pero si eres bueno en lo que haces, podría merecer la pena. ¿Te atreves?

 

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