Ley y corrupción

Artículo de opinión de Mª Ángeles López Artal

Algunos pasajes del Nuevo Testamento dicen que “la Ley se introdujo para que abundara el pecado”. Creo que esta idea también la explica a su manera el refranero popular cuando nos dice “hecha la Ley, hecha la trampa” , ya que creemos que cada vez que se dicta una ley nuestra picaresca innata nos invita a pensar cómo podríamos saltárnosla. Ese inmortal dilema entre científicos y filósofos sobre el huevo y la gallina, se vuelve acalorado cuando discutimos si algunos de nuestros peores vicios son causa o consecuencia de las normas del Sistema.

También la ciencia opina, concretamente la bioética, disciplina nacida en el siglo XX, que en alguna de sus corrientes defiende que virtudes como la moral y el sentido de la justicia, o defectos como la xenofobia, tienen un importante componente biológico asociado a niveles de oxitocina y vasopresina, considerados reguladores del apego. Somos individuos duales y como tales, generamos paradojas. Así, la necesidad de igualdad proviene de nuestro instinto jerárquico y la empatía tiene sentido en la medida que ignoramos las necesidades de quienes no conocemos, es decir, el rechazo a un individuo proviene de nuestro instinto grupal, del apoyo a nuestros semejantes. Así es nuestro cerebelo reptiliano y por eso hay que educarlo y ponerle normas.

Ley y corrupción

En el año 2013, tuve la oportunidad de asistir a un magnífico debate sobre la Corrupción en España organizado por el Círculo Cívico de Opinión. Entre los componentes de la mesa, dos miembros de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas daban en el clavo. El Jurista Santiago Muñoz Machado apuntaba que hay una corrupción Institucional preámbulo de la corrupción política, insistiendo en que son las Instituciones las que, trabajando mal, incentivan y abren la puerta a la corrupción de los individuos. El Economista y Catedrático de Economía Aplicada, Jose María Serrano, mi profesor favorito, nos alertaba en aquel debate de que la corrupción estaba creando una nueva clase de individuos que acabarían colocándose fuera de las reglas del mercado, rechazando el Sistema. Un año después, nació Podemos.

En definitiva, parece que Religión, Ciencia y refranero popular, se ponen de acuerdo en la dualidad del individuo. La Ley no sirve para hacernos buenos sino para cuidarnos y guardarnos de nosotros mismos, por eso tenemos tendencia a normalizar todo, hasta lo que debería regirse por el puro sentido de la Ética. Somos capaces de llenar espacios de debate discutiendo si debería ser o no obligatorio que un político imputado dejara su puesto cuando realmente debería irse a su casa de pura vergüenza, sin ley alguna que le obligara. Uno de nuestros grandes retos pasa por no relajar nuestros mecanismos de control, fortalecer las Instituciones y exigir sin miedo una burocracia bien formada y educada por y para la función pública.

M. Ángeles López Artal. Economista

Acertius no se compromete ni se hace responsable de las ideas vertidas en esta sección del blog.

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