Trabacaciones, ¿necesidad o elección?

En los últimos días hemos oído hablar de un neologismo bastante curioso, nos referimos a trabacaciones, un engendro que mezcla dos palabras tan antagónicas como trabajo y vacaciones. Según este concepto, un periodo destinado al relax y la desconexión como las vacaciones, se vería alterado por momentos puntales de trabajo, como pueden ser llamadas o reuniones.

Las trabacaciones surgen a la sombra de  la inestabilidad del mercado laboral mezclada con la creciente tendencia a la flexibilidad laboral, que es una moneda de dos caras: por un lado nos permite poder alterar nuestros horarios para permitirnos llegar o salir antes – o después – y así encajar asuntos personales, llevar a los niños al colegio o ir al gimnasio… pero por otro, en muchas ocasiones nos exige tener que atender tareas profesionales durante horas intempestivas, fines de semana o incluso periodos vacacionales.

Por tanto, aunque se trate de un término nuevo, la realidad es que muchos trabajadores lo llevaban aplicando buena parte de su carrera laboral. Y es que este movimiento no es nuevo para las personas que gestionan su propia empresa, ya que ante el miedo a perder un potencial cliente, nunca desconectan del todo de su profesión.

Pero para los empleados por cuenta ajena, si que es una práctica más exigente que debería verse acompañada por otros beneficios como contrapartida que fomenten la conciliación de la vida laboral con la personal.

Es decir, que además de aumentar la flexibilidad, si se van a dar menos días de vacaciones reales – entendidos como de desconexión total – , también habría que pensar en trabajar más por objetivos que por un horario fijo – algo que fomenta la eficiencia por encima del presencialismo – , o implantar la tan ansiada jornada de 35 horas. Así mismo, el teletrabajo también es una pieza clave para que, si tenemos que estar atados al trabajo, al menos podamos hacerlo desde casa.

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