Por qué fichar es una pérdida de tiempo

Hace unos días se conocía que el gobierno de España podría proponer registrar la jornada de los trabajadores para controlar cuántas horas desempeñamos en nuestro trabajo. De esta forma, quedaría constancia de cuántas horas realizamos en nuestra jornada y la cantidad de horas extra. Una medida que en muchas empresas ya se aplicaba y que muchos expertos consideran que es un error.

Del viejo (pero efectivo) método de apuntar la hora en una tabla Excel o el control mediante huellas digitales u otros sistemas biométricos pasando por aplicaciones de tecnología punta, el problema no es tanto la forma de fichar sino la necesidad de fichar en sí misma.

Puede que suene a obviedad, pero es obligación del empleador cuantificar sus metas y objetivos con los recursos disponibles. Esto es, que la contratación de un trabajador a jornada completa debería cubrir 40 horas semanales como máximo. Y es que las horas extra deben ser algo extraordinario, no algo común ni frecuente. En cuanto al trabajador, se presupone que es una persona capacitada y formada para desempeñar su labor con eficiencia, sin pérdidas de tiempo, si bien siempre hay procesos de formación, aprendizajes e imprevistos.

Con esto en mente y habida cuenta la profesionalidad y la implicación con el proyecto por ambas partes, seguimos creyendo que el presencialismo aumenta la productividad y no es así. No por pasar más tiempo en tu lugar de trabajo eres el más eficiente. Tampoco por llegar el primero y marcharte el último. Ya se ha demostrado que factores como la flexibilidad y la conciliación laboral repercuten beneficiosamente en la implicación y el rendimiento de los trabajadores.

Así pues, es cuestión de trabajar por proyectos, dividiendo en pequeños objetivos controlados con una consecución que pueda evaluarse a corto plazo. Fichar no es la solución para controlar el rendimiento, la implicación, responsabilidad y la profesionalidad sí que lo son.

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