¿El optimismo para emprender comienza a diluirse en España?

Con la crisis económica, y ante la imposibilidad de encontrar un empleo, o de encontrar un empleo estable y bien pagado, muchos ciudadanos, y en especial, mucha gente joven, se lanzaron a emprender. Pese a la excesiva presión fiscal que sufren los autonómos en España en comparación con otros países de nuestro entorno, o a la escasa protección de la que gozan, miles de personas decidieron dar un paso, invertir sus ahorros o capitalizar el paro, y lanzarse a la aventura del emprendimiento. De hecho, frente a épocas pasadas en las que parecía que todo el mundo quería ser funcionario, emprender se puso de moda como salida para encontrar un futuro laboral o para cumplir los sueños de tener un negocio propio y trabajar en lo que realmente te realiza.

Ahora, parece que ese efecto comienza a diluirse, tal y como indica el Estudio Global de Emprendimiento elaborado por Amway. Según este estudio, por primera vez desde que empezó la crisis, la confianza en el autoempleo como salida de cara al futuro está perdiendo posiciones, en claro contraste con la actitud más positiva del resto de países europeos. Como ejemplo, el estudio señala que frente al 69% de españoles que tenía una actitud positiva hacia el emprendimiento en el 2015, en el 2016 esa cifra se rebajó hasta el 62%.

Estos datos contrastan sin duda con los resultados del anterior estudio, que concluía que ocho de cada diez Millennians españoles creían que emprender era el camino para encaminar su futuro laboral. Desglosando los datos por segmentos de población, el estudio de este año recoge que las mujers y los ciudadanos que superan los 50 años son las personas que más confianza han perdido en el emprendimiento. En cambio, los jóvenes menores de 35 años son los más optimistas para emprender, con un 51% de ellos que creen que podrían llegar a emprender.

El propio estudio recoge también los motivos por los que ha caído en España la confianza en el emprendimiento. Entre ellos, destaca la mejora de la situación económica y de los niveles de desempleo, o la inestabilidad política que vivió nuestro país durante el 2016. Además, quizás también podría añadirse la alta presión fiscal que sufren los autónomos en España, y la experiencia y el desencanto de parte de los propios emprendedores que han puesto en marcha su negocio durante la crisis, con las dificultades de levantar un negocio en una situación económica que todavía no es boyante y en la que hay que meter muchas horas para conseguir llegar a final de mes y tener controlados los impuestos y los gastos que conlleva la actividad, sin apenas ayudas por parte de las Administraciones Públicas.

 

 

 

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