La conciliación laboral, ¿Una quimera o una realidad?

El pasado mes de diciembre la ministra de empleo Fátima Bañez abogó por un gran pacto nacional con el objetivo de lograr la conciliación laboral y la racionalización de los horarios, proponiendo la salida del trabajo a las 18 h. ¿Tienen los días contados las jornadas partidas y salir de noche de la oficina? ¿Es posible implantar el horario europeo en España con éxito? ¿Soportaría nuestro tejido empresarial, -mayoritariamente pymes – una jornada intensiva?

La noticia se recibió con escepticismo por algunos sectores, que recordaron que por nuestra cultura, somos los últimos en acostarnos, comemos mucho más tarde que nuestros vecinos y empleamos un par de horas para comer. Un tópico al que solo parece faltarle la siesta. Desde Opinión Profesional, vamos a intentar desmontar estos mitos.

La conciliación laboral aumenta la productividad, es más, es una obviedad que la armonización de horarios repercute directamente en la felicidad del trabajador, lo que se traduce en un mayor rendimiento. Aprovechemos el peso creciente que tienen las nuevas tecnologías para delegar en el teletrabajo.

España es el tercer país europeo con menor productividad por hora trabajada, un hecho que contradice frontalmente la creencia popular de que el que más trabaja es el que primero llega a la oficina y el último que se va, sino el que cumple los objetivos. Como reza la frase anglosajona “Work hard, party hard”. Es momento de respetar los horarios de entrada y salida, pero también de empezar a racionar los descansos para el café o las reuniones estériles en las que no se concreta nada.

Y es que flexibilizar y organizar el horario es un reto para la empresa, especialmente para la pymes. Es obvio que algunos sectores como la hostelería, el comercio o la sanidad no podrán hacerlo… pero globalmente, todos los sectores se verán beneficiados con la medida. Solo hay que imaginar un bar, un gimnasio o una tienda si la mayoría de los trabajadores salen antes.

La conciliación laboral es propia de una economía sostenible que mejora la calidad de vida, la salud, mejora el rendimiento escolar de nuestros hijos y reduce la siniestralidad.

España tiene que tener claro a qué tipo de país quiere parecerse, si apostar por el modelo europeo o por el de China, Argelia o Marruecos.

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