Nunca futuro sin pasado

Artículo de opinión de Mª Ángeles López Artal

Hay momentos en los que me viene a la memoria una crítica taurina que leí hace muchos años. El periodista y Currista de pro contaba que, en el quinto toro de una nefasta tarde, Curro Romero se lanzaba a la arena, capote en mano, para evitar que un banderillero fuera embestido. Debió dar unos pases de tal maestría que la crítica se titulaba “el quite del perdón”. Lo he vuelto a recordar este verano leyendo una tercera de ABC, de esas que me reconcilian con el periódico entero. No son muchas pero cuando alguna cae entre mis manos, la leo hasta tres veces. La curiosidad que suele acompañar al tiempo ocioso ha hecho además que buscara la vieja crítica taurina en internet. Una sencilla búsqueda en google “quite del perdón Curro Romero” me ofrece aquel artículo publicado en 1993 en el País, tras una tarde de la feria de otoño en la plaza de Las Ventas. Mi memoria la ha mantenido y el milagro a veces perverso de internet me la regala intacta. Internet es la bomba.

Curiosamente, la tercera de ABC a la que hago referencia, también tiene como protagonista a la memoria. En este caso, a la memoria colectiva, entendida como la suma de experiencias que te hacen crecer como sociedad y como cultura pública. La firma el profesor Julio Martinez, Rector de la Universidad Pontificia de Comillas. Es una llamada a la responsabilidad política y ciudadana, invitando a vivir el presente sin olvidar de dónde venimos. Según el Rector Martinez, la Transición fue nuestro mayor logro social, un momento en el que nuestros mayores hicieron política del bien común, fueron generosos en acuerdos que exigían sacrificios en todas las partes y demostraron confianza mutua. Gracias a ese abandono temporal del pensamiento cainita que llevamos en el ADN, pudimos crecer como pueblo.

Tras los atentados terroristas recientemente sufridos en Barcelona y Cambrils y el comportamiento de algunos partidos políticos durante la manifestación convocada en la ciudad Condal, uno se da cuenta de que esa memoria colectiva a la que hace referencia el artículo, debería ser la medicina de nuestra actual política enferma. Solo esta memoria, la que tanto nos falta hoy, es la que lleva el don de la reconciliación, la que puede permitir la búsqueda del bien común a través del pacto y la concordia. Hoy separatistas y anticapitalistas, incapaces de comprender y aprender de la experiencia, adoptan una radical postura contra el Estado y la Constitución que, lejos de construir futuro, da parte de la victoria a unos criminales que sin duda frotan sus manos al ver como se refrenda la falta de enaltecimiento de nuestros valores y sobre todo, su defensa en ocasiones como ésta.

No se cuales son las razones por las que nuestras raíces culturales están tan debilitadas. El profesor Martinez apunta hacia la era digital. Dice que el mundo globalizado y digitalizado trae grandes oportunidades pero también provoca que se rompa lo que de natural debería estar ligado y unido. En este caso me cuesta ponerme de acuerdo completamente con él. Me inclino más a pensar que el mayor daño lo ha hecho la cesión de competencias en educación a los nacionalistas, que ha propiciado una amalgama dispar de libros de historia y un ministerio hueco de competencias. Admito que la digitalización del mundo haya podido acentuar desigualdades en nuestra sociedad pero también creo que, cual invento de la pólvora, trae grandes desafíos que pueden y deben dinamizar nuestra sociedad y por qué no, fortalecer nuestros valores. Internet y la globalización son el invento perverso que lleva consigo grandes oportunidades para el quite del perdón.

M. Ángeles López Artal. Economista


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