España y sus leyendas negras

Artículo de opinión de Mª Ángeles López Artal

Hace unas semanas, en la sobremesa de un almuerzo con colegas de profesión, alguien dijo que a España le hubiera ido infinitamente mejor si no hubiéramos expulsado a los judíos o si Napoleón hubiera ganado la guerra de la Independencia. Argumentaba que los judíos, con su prosperidad económica y capacidad para los negocios, habrían contribuido a la generación de riqueza y qué decir de Fernando VII, un rey absolutista y barrigón desprovisto de las mínimas aptitudes para ser monarca. Por su culpa, decía, perdimos capacidad económica y poso intelectual.

Esta postura, la de alimentar y fomentar las leyendas negras, rodea a muchos Estados pero, en el caso Español, es larga y duradera. Elvira Roca, historiadora, profesora y ensayista de mucho prestigio, ha acuñado un término que se llama “ Imperiofobia” y ha escrito un libro titulado “Imperiofobia y la leyenda negra ” que debería ser obligatorio en la Universidad Española para promover actitudes positivas en relación a nuestra propia tierra. Parece que los españoles somos en general “antiespañolistas” que cargan culpas de generación en generación: el genocidio americano, la inquisición, la incultura o el militarismo. Es más, a veces pienso que cualquier artista o intelectual que se precie, piensa que debe ser antiespañol. Para esto último no hacen falta ejemplos, basta con revisar la hemeroteca mas reciente.

La expulsión de los judíos es una constante en la historia medieval y moderna en Europa. Sucedió en 1290 en Inglaterra y en 1306 en Francia y fueron expulsiones más duras que en España ya que aquí pudieron enajenar sus bienes o convertirse para no marcharse. En el caso de la guerra de la Independencia, creo que analizar un suceso de forma aislada, es muy fácil pero también es peligroso y perverso porque en el análisis eliminamos gran parte del contexto político, económico y cultural en el que se desarrolla ese hecho. Es pueril pensar que de haberse producido otro acontecimiento, el retorno para España hubiera sido un cúmulo de bendiciones. Ni lo uno ni lo otro. Historia ficción en todo caso.

Este complejo está en el ADN y llega hasta nuestros días bañando a todos los segmentos de la población. Todavía me retumba en la cabeza el discurso de Macron tras su victoria en las elecciones. Un presidente orgulloso y convencido que habló del “fortalecimiento de la solidaridad nacional” o la necesidad en el mundo de “una Francia fuerte”. Macron exhortó a todos los franceses en su discurso a dar juntos el ejemplo de un pueblo que “sabe afirmar sus valores y principios”. Qué bien dicho y sobre todo, que bien pensado. No he encontrado discurso equivalente en nuestro pueblo. Rompiendo una lanza a nuestro favor, debemos admitir que España no puede ser tan pobre de sí mismo cuando sigue estando en el mapa teniendo al enemigo en casa. Todo esto quiero que sea culpa de una mayoría que está orgullosa de su país a pesar de su silencio frente al exceso de ruido de la pusilánime minoría. Como decía von Bismark: “estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí mismo y todavía no lo ha conseguido”.

M. Ángeles López Artal. Economista

Acertius no se compromete ni se hace responsable de las ideas vertidas en esta sección del blog.

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