¿Afecta el cambio de hora a la productividad?

El pasado fin de semana cambiamos de hora al horario de invierno: una hora más de sueño por las noches y a cambio, salir de la oficina de noche. Independientemente de las razones para el cambio, esta adaptación es más significativa para nuestro organismo de lo que parece. No es tan acusada como un jet lag propio de un viaje transoceánico, pero lo notamos.

Y tanto que sí. Incluso se han realizado estudios que evidencian que la productividad baja durante los primeros días tras un cambio de hora. No obstante, podemos minimizarlo para rendir como siempre con algunos sencillos trucos.

Cómo acostumbrarnos al cambio de hora de invierno

El primero es comenzar antes del cambio de hora adaptando nuestras horas de sueño: si ese día hacemos un extra de ejercicio y nos cansamos, será más fácil que nos vayamos antes a la cama.  Con los cambios de hora, el sueño se resiente, así que es importante comenzar fuerte la semana con una ducha matutina y algo de actividad física para despertarnos.

Laboralmente es momento de programar tareas que no impliquen demasiada atención, tareas rutinarias pero necesarias que nos permitan un margen de tiempo para centrarnos. No obstante, siempre es mejor llevar una agenda y ceñirse a ella para evitar bajar la productividad.

Aunque vamos a notarlo, toca asumirlo y ver el lado bueno: vamos a tener la sensación de dormir una hora más. Pero se acerca el invierno y vamos a echar de menos el sol. Despertarnos con La Luz es siempre una buena forma de aclimatarnos y de aprovechar sus beneficios psicológicos.

No obstante, solo queda armarse de paciencia porque el horario de invierno y el invierno en sí tiene sus ventajas: entrar a trabajar siendo de día es un plus y el clima y la reducción de horas de sol nos hace disfrutar de actividades indoor, como cenas y comidas familiares o con amigos o el clásico plan de peli, sofá y mantita.

Control horario: ¿Se puede despedir a un trabajador por no fichar?

Llevamos casi medio año con la obligatoriedad de fichar para llevar un control horario, si bien no todos los trabajadores tienen que hacerlo.  Esta medida elaborada por el gobierno ha supuesto un reto a empresas de todos los tamaños, que se han visto en la obligación de implantar de la noche a la mañana un sistema de registro de jornada bajo el riesgo de ser sancionados.

Al reto técnico del control horario se le une que en muchos casos se trata de una medida proactiva, es decir, que son los propios trabajadores los que tienen que preocuparse de fichar. Ahora bien, malos entendidos, despistes o simplemente la falta de costumbre puede llevar a un trabajador a no fichar. Incluso el trabajador podría negarse. ¿Puede en este caso ser despedido?

Teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de convenios colectivos no registran la obligación del trabajador de fichar, es muy difícil que se si alguien se niega a registrar su jornada, sea despedido y su despido sea considerado como procedente. De hecho, al no aparecer en el convenido, no sería ni una falta. Y es que la obligación de registrar el horario recae sobre la empresa.

Obviamente, cada caso es un mundo y no es lo mismo un despiste puntual o un malentendido que una acción deliberada y reiterada. Y es que dejar que el control horario recaiga sobre el empleado no es una buena idea, y menos si esta medida se ha implantado rápido y mal, simplemente para cumplir con la ley. Ya se sabe que hecha la ley, hecha la trampa.

Sea como fuere, vamos camino del año con esta medida en vigor, por lo que ya ha habido tiempo a acostumbrarse, mejorar los registros y plantearse nuevos sistemas. Porque además, es probable que tarde o temprano esta regulación alcance a todos convenios de todos los sectores.

Los retrasos en los pagos de facturas: una soga al cuello para autónomos y pymes

Aunque la ley es clara a la hora de determinar el tiempo máximo a la hora de abonar las facturas, la realidad es otra muy diferente. Así, de los 60 días que marca la teoría, el pago de facturas se puede demorar llegando incluso a una demora de medio año. Y ojo porque hay sorpresas: no son las pymes —  las más débiles en cuanto a capital y estructura financiera — las que más se retrasan abonando las facturas, sino que son las grandes empresas y la administración.

Estos datos llegan procedentes de un estudio elaborado por la Plataforma Multisectorial contra la Morosidad , donde se especifica que son las empresas del IBEX las peores pagadoras con un retraso de hasta 169 días, ¡tres veces más de lo que marca la ley! Y para más inri, este retraso no tiene visos de solucionarse sino mas bien todo lo contrario: las empresas grandes cada vez pagan más tarde.

Estos retrasos constituyen un drama para muchas empresas, que se ven sin liquidez para seguir operando, lo que en muchos casos les abocan a la extinción al carecer de margen de maniobra. Por otro lado, las empresas que se resisten a pagar a tiempo cuentan con la ventaja de disponer de financiación sin intereses a costa de dinero que no es suyo. ¿Qué podemos hacer para evitarlo? Esta plataforma propone una normativa sancionadora para que esos 60 días estipulados por ley sean una realidad mediante multas.

Sorprende especialmente que sean las empresas del IBEX que sean las que pagan más tarde porque precisamente las instituciones de ese volumen de negocio cuentan con áreas financieras, marketing y RSE que elaboran planes de responsabilidad social corporativa orientados a influir positivamente en la sociedad bien sea a nivel social, ambiental o financiero. Asimismo, también son las que más certificaciones acreditan.