¿Te imaginas trabajar gratis de aquí a final de año?

Puede parecer increíble pero esto sucede aproximadamente entre la mitad de la población. Y es que según un informe reciente, las mujeres españolas trabajan gratis 52 días al año, una cifra asombrosa que todavía es mayor si cruzamos los Pirineos porque en Europa estas jornadas se van hasta los 59 días, ya que allí ganan de media un 16,2% menos.

No, no es que las mujeres trabajen gratis, es el resultado de la brecha salarial todavía vigente en la actualidad por la cual los hombres cobran más que las mujeres. Las causas son variadas. Para empezar, son los hombres los que copan los cargos directivos en las empresas. Tampoco podemos olvidarnos de los trabajos sin remuneración como son las tareas del hogar o el cuidado de niños, ancianos y mayores, una actividad largamente infravalorada sin la cual el engranaje social tal y como lo conocemos no sería posible. Las cifras no engañan: mientras que los hombres dedican de media semanal 9 horas aproximadamente, las mujeres alcanzan las 22 horas.

Esta realidad que afecta tanto a países desarrollados como no desarrollados tiene consecuencias a todos los niveles. Sin ir más lejos, al final de la carrera laboral esta desigualdad también es evidente a la hora de las pensiones. También sucede en el momento de tener descendencias. Hasta ese momento las carreras de hombres y mujeres discurren paralelos, pero con la baja por maternidad o paternidad, la cosa cambia y las posibilidades de desarrollar carrera en una empresa parecen truncarse al situar un techo de cristal a través del cual es muy complicado que atraviese una madre.

Está claro que poco a poco esta realidad debe ir cambiando. Por un lado apoyado por la legislación, que vele por la igualdad de derechos y responsabilidades, pero también a nivel cultural., entendiendo que en una familia debe haber compromiso por ambas partes y que la conciliación laboral es necesaria para que la sociedad como tal exista.

La importancia de hablar de dinero con tus hijos

El dinero es probablemente uno de los temas menos cómodos de hablar con nuestros hijos, solo superados por la muerte o el sexo. No nos gusta hablar de dinero con ellos y cuando lo hacemos, lo abordamos tarde y mal. ¿Nos da vergüenza? ¿Sonaremos avariciosos? Sea como sea, que un niño entienda cómo son las finanzas personales puede evitar grandes disgustos en su juventud y en la vida adulta. Y es que la economía condiciona la vida diaria.

Según los expertos debemos enfrentarnos al tema del dinero a partir de los 7 años y hacerlo de forma clara. Es fundamental que comprendan que las cosas cuestan dinero, tienen un valor y que el dinero llega fruto del trabajo. No hace falta complicarse, el ejemplo más cotidiano lo tenemos en la paga semanal.

Así, los hijos deben asumir cierta responsabilidad de la planificación para asumir ciertos (pequeños) gastos. Es muy importante que los niños no supediten su paga a otras actividades como por ejemplo las notas o las tareas domésticas: estudiar y hacer las tareas del hogar no es algo negociable. Y es que si en un momento determinado la familia pasa por aprietos económicos, los niños no entenderían por que han dejado de gratificarles económicamente.

Otro concepto que deben interiorizar a partir de los 7 años es el ahorro, un euro puede ser una buena cantidad para comenzar. El ahorro al final es un premio y nos permite adquirir cosas que no podemos pagar con una sola paga.  Para ello necesitamos constancia y tiempo. Una buena forma de fomentar el ahorro es incentivándolo, por ejemplo por cada 10 euros ahorrados los padres pueden contribuir con un euro más. Más que juntarlo todo en una hucha, se recomienda ahorrar con varias metas diferentes, para que no crezca la sensación de que ese dinero es suyo y que pueden hacer lo que quieran.

Finalmente, debemos dar ejemplo. No sirve de nada enseñar a gestionar las finanzas y el ahorro si luego nos ven derrochar o intuyen la falta de previsión.

 

El fracaso del crowfunding o lo difícil de vender la piel del oso antes de cazarlo

Desde hace años venimos oyendo hablar del crowfunding, una forma de financiar proyectos y empresas en el que los creadores explican cuál es su objetivo para intentar que potenciales usuarios se comprometan económicamente a comprarlos, de modo que ayuden al proceso. En pocas palabras, una especie de cuento de la lechera en la que se vende la piel del oso antes de cazarla.
Esta forma de financiación se ha hecho especialmente popular entre startups tecnológicas y de desarrollo de dispositivos como por ejemplo el Pebble Time, el que fuera  primer reloj inteligente y cuyo éxito generó una segunda generación del smartwatch para terminar siendo adquiridos por Fitbit, una de las empresas líderes del sector de pulseras de actividad. El Pebble Time logró recaudar 20 millones de dólares, constituyendo la excepción que hace la regla.
Sin embargo, no todas acaban así. Es más, el 60% de los proyectos lanzados en la plataforma Kickstarter no llega a nada ya que un 20% de ellos ni siquiera alcanza el 20% de la financiación planificada inicialmente.  Estas son las cifras que ha devuelto la plataforma como resultado de los 400.000 proyectos de micromecenazgo que se han lanzado en dicha plataforma. Todo un jarro de agua fría de desalienta a los emprendedores.  Nadie dijo que los comienzos fueran fáciles.
No es que este sistema de micromecenazgo sea una mala idea, de hecho en muchos casos es simplemente un problema de publicidad y alcance: es necesario llegar a la población para que esta conozca de tu existencia y se anime a invertir y estas plataformas todavía están restringidas a un nicho de la población. Así que o es una idea que encaje dentro de ese segmento, o llega un potente inversor, o es muy complicado seguir adelante. Y si no es posible seguir adelante, las cuentas de la economía de escala no salen.

¿Tarifa plana indefinida para los autónomos que no llegan al SMI?

A no ser que disfrutes de alguna bonificación (discapacidad, menor de cierta edad, ser nuevo autónomo o ser mujer bajo ciertos requisitos), ser autónomo supone que abrir la persiana cada mes implique tener que abonar como mínimo casi 300 euros, factures lo que factures. Por supuesto, a eso hay que añadirle el IRPF, los gastos fijos y variables derivados de tu actividad y el IVA, que no te resta dinero pero que incrementa tu precio de mercado.

Seguro que ya has hecho las cuentas: ser autónomo no es barato y en muchos casos no merece la pena. Ser tu propio jefe y disponer de tus horarios tiene sus ventajas, pero la incertidumbre, la escasa flexibilidad institucional y estos gastos ineludibles son una losa que abocan a muchos a pensárselo dos veces o a trabajar en B con la desventaja que supone no cotizar, no poder ofrecer factura y por supuesto, no contribuir a las arcas del Estado de donde salen las inversiones para materias tan importantes como la sanidad, carreteras o educación.

Así que en estos tiempos de inestabilidad política sin presupuestos, Ciudadanos ha presentado una propuesta que permitiría alagar la tarifa plana de 50 euros a aquellos autónomos que no llegan al SMI de forma indefinida. Concretamente, pagarían 50 euros y 30 euros en el caso de ser menores de 30 años o contar con una discapacidad superior al 33%. Nunca hasta ahora se había presentado una propuesta tan favorable.

Aunque suene a quimera, esta medida podría llegar ya que la ministra Valerio ya ha hablado de una cuota mínima para aquellos inscritos en el RETA que no alcancen el SMI, así que parece que la medida va tomando cuerpo y cuenta con el apoyo de varios grupos políticos. El objetivo de esta medida es evitar que los autónomos que se encuentran más desfavorecidos, es decir, aquellos que menos ingresos, no sufran la subida prevista para el resto del sector.